Escribes la URL de una página web, pinchas para acceder a ella y, de repente, aparece. Ahí está 404. Lo primero que debemos saber cuando nos encontremos con éste es que la página no estará disponible. Es como si estuviera cerrada temporalmente. Vamos, un cartel que invita a volver en cinco minutos o, tal vez, otro día.
También conocido como HTTP 404 o "archivo no encontrado", indica que el explorador web ha sido capaz de comunicarse con el servidor. Pese a ello, no encuentra o no existe el fichero. Ha sido pedido.
Desde Wikipedia apuntan a que este error "no debe ser confundido" con el de "servidor web no encontrado". Tampoco, con errores similares en los que se indica que no se ha podido realizar la conexión con el servidor.
Todo tiene un origen. Error 404, también. Para encontrarlo debemos mirar a los inicios de Internet en el CERN, uno de los centros de investigación más importantes del mundo, ubicado entre la frontera de Francia y Suiza. Y es que el tema que nos atañe tiene que ver mucho con este complejo, concretamente con el edificio 404. Y es que fue ene este preciso lugar donde se conectaron varias computadores entre sí. Era el germen de Internet.
Cuando los chicos de la 404 no podían encontrar el archivo o este no existía, automáticamente se mandaba un mensaje de vuelta que dijera “Room 404: file not found”. Como el funcionamiento de Internet sigue siendo similar, este error persiste y, de momento, persistirá.

El funcionamiento de una página web en la actualidad es muy sencillo: cuando entramos a una página, nuestro navegador, solicita una petición a los DNS (domain name servers) que le dicen cuál es la que IP está relacionada con cierto dominio. Ocurrido esto, el explorador se encarga de pedir al servidor los archivos que componen la página.
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