Y es que a pesar del tiempo transcurrido la pieza de carne se ha mantenido igual. No ha aparecido ningún tipo de signo de descomposición, putrefacción o similar. Está como si se hubiera comprado segundos antes.
La intención de Davies es concienciar a todo el que contemple su obra de lo artificial que resulta la comida de esta gran multinacional. La autora de estas imágenes considera que hay un uso excesivo de conservantes en este tipo de productos alimenticiones. Pese a que el trabajo de la neoyorquina ha tenido una gran repercusión viral no muestra nada nuevo.
En 2004, el director de Super size me, Morgan Spurlock, metió diferentes menús similares al citado en recipientes de cristal. En este caso, la hamburguesa si que mutó. Vamos, se descompuso. Eso sí, las patatas continuaron intactas. Como recién fritas. Sorprendente.
Visto el aguante de las patatas fritas vendidas en los fast food, la revista Stay Free hizo otro experimento similar. En este caso las comparó con las de un establecimiento cualquiera de la zona de Brooklyn. Estas últimas se descompusieron en una semana. Las primeras permanecieron exactamente iguales.
Karen Hanrahan se subió al carro de los experimentos con hamburgeusas. Lo hizo en 2008. Publicó en su blog dos fotografías. Una era de 1996. La otra, de 2008. La imagen era la misma. Apenas había cambios. Y es que Hanrahan aseguró que la hamburguesa fotografiada era la misma. Había aguantado en un recipiente más de 10 años.

McDonald's responde
La cadena de fast food ante tales experimentos siempre ha asegurado que su carne no lleva conservantes añadidos. No ha hecho lo propio con las patatas. En este caso si reconoce que contienen, por ejemplo, ácido cítrico como elemento conservante.
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