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 Día 1
 Juan Morena Gelabert
 

No sé quien soy. Si alguien me hubiera preguntado quién era, lo único que le podría haber dicho es que me llamo Tommy y que vivo en Asty City. Sin embargo, mis vecinos también se encuentran en mi misma situación; solo saben sus nombres de pila y que viven en Asty City.
Cuando desperté fui en busca de un espejo; pensé que al verme mis recuerdos irían a regresar. La imagen me reveló que mi cabello, al igual que mis ojos, es de color negro. También soy alto y estoy en muy buena condición física.

La casa –que supongo es mía– está dividida en un dormitorio, un baño, una cocina y una sala-comedor. Los roperos guardan ropa y las alacenas, comida enlatada. Mi habitación cuenta con una cama de una plaza y al no tener alianza en mi mano supongo que no estoy casado. También pienso que no tengo hijos porque no hay ropa de niños; perfectamente podría ser padre porque tengo unos treinta años.
Lo que me extrañó, además de no recordar casi nada –solo mi nombre y el de la ciudad– es que en la casa y en mi muñeca no cuento con relojes; solamente sobre la mesa de luz hay un almanaque con una palabra impresa y un número: «día uno».

Cuando estoy tratando de pensar que rayos significa «día uno» una joven toca a mi puerta. Es linda, parece una modelo; su cabello es rubio y sus ojos verdes.
—Hola —me dice la mujer que debe de tener mi misma edad, tal vez un poco menos—. Mi nombre es Dolly y lo único que sé es que…
—Vivís en Asty City –señalo y ella me mira sorprendida.
La mujer está nerviosa; se nota en su forma de hablar y en sus movimientos.
—Me desperté dentro de un auto y… —Dolly está a punto de llorar.
—Pasa —invito abriendo la puerta de mi casa, que al igual que la estructura de la vivienda, es de madera—. Los que vivimos en Asty City sufrimos de amnesia —le digo—. Hoy me desperté y hablé con mis vecinos. Solamente sabemos nuestros nombres de pila y del pueblo. Dentro de media hora reuniremos en la alcaldía. ¿Por qué no nos acompañas?
Es una noche agradable. Cuando Dolly y yo llegamos a la alcaldía –que por cierto se encuentra en lo que supongo es la avenida principal– la gente no para de hablar y de conocerse.
Por lo que puedo apreciar en la alcaldía, y si la mayoría del pueblo se reunió allí, los ciudadanos de Asty City son personas jóvenes de mi misma edad.
Lo primero que se vota es el cargo de alcalde. Porque nadie se conoce y por lo tanto no sabemos quien es malo o bueno, se ha decidido que la persona que despertó en la casa cercana a la alcaldía, es decir: Benny, se convierta en nuestro guía político.

Benny sube al estrado. Nuestro alcalde es un hombre alto; debe de tener unos cincuenta años. Sus ojos, al igual que su cabello es gris. Es portador de una voz potente porque estoy escuchando perfectamente lo que dice a pesar de estar a varias filas de distancia y de que no utiliza micrófono.
—Nos encontramos en una situación extraña —señala nuestro novel alcalde—. Solamente sabemos nuestros nombres y el de la ciudad. No contamos con ningún reloj o medios de comunicación. Parece que estamos aislados del mundo.
»Busqué en este edificio —comenta señalando el lugar— pero no encontré ningún documento que indicara en que país o continente se encuentra Asty City. Nuestros almanaques por lo que tengo entendido, se encuentran marcando la jornada uno.
»Porque no conocemos en que día de la semana o en que mes estamos propongo que, ya que hoy disfrutamos de un día agradable y muchas plantas no han dado flores, solo capullos; dictaminemos que Asty City se encuentra en la estación llamada primavera.
Además de la decisión de posicionarnos en una época del año determinada, se decidió que al otro día un grupo de voluntarios recorriera Asty City en busca de algún indicio que nos revelara quiénes somos y en dónde estamos.
Los voluntarios somos cuatro: Dolly; un joven que se despertó en una panadería y que se llama Billy; un hombre de unos sesenta años de nombre Jimmy y yo.
Billy es un muchacho alto y musculoso; deber de tener diez años menos que yo. Sus ojos son verdes y su cabello castaño. Jimmy, por su parte, es bajo y delgado; los ojos del futuro excursionista son marrones y es calvo.
Ellos, junto con Dolly son mis compañeros de la aventura que de seguro me esperará mañana.



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