De cómo comenzó este arte no hay una respuesta clara. Diversas teorías que se mezclan con leyendas atribuyen los inicios a los médicos chinos. Éstos necesitarían multitud de plantas curativas a las que no tendrían fácil acceso al crecer en lugares lejanos o en acantilados. Esta necesidad de tener su herramienta de trabajo más cerca habría dado lugar a plantar algún árbol en un lugar mucho más reducido y someterlo a podas constantes para domar su tamaño.
Hoy en día podemos decir que existen multitud de tipos de bonsáis. Existen categorías por la forma del tronco, como el Shakan o tronco inclinado, Kankan o tronco curvado o el Kengai, en forma de cascada. También se pueden clasificar por la forma de las raíces como el estilo Neagari donde las raíces son visibles o la modalidad Ishizuki (árbol de piedra) donde raíces y pedruscos se mezclan. También dividen por la textura del tronco o por el número de ellos, por ejemplo el llamado bosquecito o Yoseue donde varios bonsáis son plantados en una vasija muy baja. Esta última modalidad busca la sensación de estar delante de un auténtico bosque. Para ello cada árbol es tratado individualmente, dejándose uno de ellos siempre más grande que el resto (al menos cinco más) que darán otorgarán profundidad al conjunto.
Arte milenario, comunión con la naturaleza, hobby caro y necesitado de grandes dosis de paciencia. Un bonsái es una obra de arte que busca extraer de la belleza natural de una planta todo su esplendor.
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