Paul ha vuelto a comer. Sí, sus predicciones no contienen palabra alguna. Utiliza un sistema distinto. Hay dos contenedores, cada uno está engalanado con la bandera de los equipos que se van a enfrentar en el terreno de juego. Encima de estos, un mejillón. El pulpo tiene que elegir.
En este caso, la predicción la ha hecho con la semifinal España-Alemania. El mejillón que ha engullido Paul ha sido el español. Por lo tanto, la ‘roja’ debe alzarse con la victoria y pasar a la final del mundial de fútbol.
El ‘talento’ del pulpo es más que reconocido por los que trabajan en el acuario donde vive el animal. Y es que en la fase de grupos para este encuentro mundial de fútbol hizo una importante predicción. Vaticinó la derrota de Alemania ante serbia. No obstante, la predicción no fue buen recibida por los comentaristas de la materia. Dudaban de la derrota de Alemania. Finalmente, claudicaron. Paul acertó, una vez más. Alemania fue derrotada.
A los alemanes sólo les queda una opción. Que Paul haya errado en su pronósticos. Pese a que este hecho, echaría por tierra la fama de buen adivino del octópodo, los alemanes prefieren que sea así. Los seguidores alemanes se aferran a un significativo fallo de cálculo que el célebre cefalópodo tuvo en la final de la pasada Eurocopa. Paul no valoró suficientemente el factor Torres y se decantó por la victoria de Alemania.

Un jersey para el mundial
El técnico germano y su segundo en el banquillo, Hans-Dieter Flick, se pusieron dos jerseys idénticos durante el partido de octavos contra Inglaterra. Dicen, les trajo buena suerte. Decidieron entonces repetir indumentaria, pero esta vez contra Argentina. Tampoco les fue mal. Los chicos de la Pampa encajaron cuatro goles. La superstición llega a tal punto que, aparte de llevarlo en los partidos que restan para acabar el mundial, han decidido no lavarlo. No vaya a ser que el detergente se lleve la supuesta buena suerte que porta la prenda.
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