Entre la representación estatal, Anari demostró que sus intensas canciones no pierden un ápice de dramatismo en el escenario, confirmándola como la, probablemente, mujer que mejor rock hace por aquí. La resurrección de los Surfin’ Bichos fue bien recibida, por más gente de la que nunca tuvieron en su día, aunque la presencia más estática de Fernando Alfaro hizo añorar la entrega de Joaquín Pascual el año pasado con Mercromina.

Surfin Bichos
Mientras, La Buena Vida no consiguieron en el Auditorio el sonido que la mayoría de artistas lucieron en ese acogedor escenario, aunque lo compensaron estrenando versiones de sólo voz y piano de tres de sus grandes canciones. Lo del trío Prin’ la lá, tres hermanas de entre 8 y 16 años, apadrinadas por Fernando Flow, es una de las experiencias más perturbadoras que se puedan ver sobre las tablas, algo así como los niños de San Ildelfonso cantando desde el manicomio de Alguien voló sobre el nido del cuco temas con ecos de Spiritualized.

La Buena Vida
En otras actuaciones hubo menos unanimidad. Mientras para algunos Sleater Kinney ofrecían un concierto recio y eléctrico, otros echaban de menos sus primeros tiempos y les sobraba su acercamiento a Led Zeppelin. Lo mismo sucedió con Dinosaur Jr: su ensordecedora y bruta actuación no dejó indiferente a nadie, aunque se les puede tachar de predecibles. Yeah Yeah Yeahs se mostraron viscerales en el escenario, aunque no es fácil sobreponerse a su vertiente visual y moderna. Por su parte, tanto Stereolab como Violent Femmes respondieron a lo que se esperaba de ellos, pero sin conseguir deslumbrar, y Yo La Tengo mezclaron su tensión habitual con canciones más pop, lo que les hizo perder la pegada habitual.

Yeah Yeah Yeahs
Por extraño que parezca, un Lou Reed más joven de lo habitual, sin gafas, enfundado en un chándal y camiseta pop, con dos bajistas y otro músico mucho más joven que arropaba sus canciones con extraños sonidos al teclado, cedía una parte del protagonismo de su bis a su maestro de artes marciales. Aunque saludó en un par de ocasiones al público, se presentó con un concierto esquivo, arriesgado, sin concesiones a nadie y poco amigo del camino fácil. En las primeras filas se escuchaban silbidos y había deserciones hacia otros lugares, pero él no cedía lo más mínimo y parecía encantado.

Lou Reed
Lo de Babyshambles ya no se sabe bien dónde encajarlo. En su caótico concierto se manifestó la misma anarquía expresiva que en su primer álbum y en la vida diaria de su líder -tal y como documentan profusamente todos los medios-, con continuas paradas y Pete Doherty persiguiendo al vuelo las melodías, como si se tratase de un novato guiando un caballo desbocado. Con decir que compareció ya se puede uno dar por satisfecho, aunque a punto estuvo de no presentarse tras ser retenido en el aeropuerto después de que el comandante del vuelo que lo traía a Barcelona informara a la policía que, tras la larga visita de Doherty a los servicios, la tripulación se había encontrado una jeringuilla con sangre. Si se trataba de metadona o no quedará a la interpretación de cada uno, aunque su mirada perdida no dejara mucho lugar a dudas.
Tal vez las mayores decepciones, además de la segunda cancelación en dos años de Television Personalities -¿le darán una tercera oportunidad?-, llegaron con Mick Harvey, de nulo carisma y flojas canciones, y con Big Star, que acabaron con parte del mito del power-pop en una actuación sin alma.
Lo de I’m From Barcelona -que a la primera canción contagiaban su optimismo, a la segunda aún se les seguía el chiste, pero a la tercera ya se descubría que faltaba la chicha-, se les disculpa más. Al fin y al cabo ellos, autores del himno oficioso del Festival “We’re From Barcelona” y canción indie del verano, son un grupo recién nacido, que tomaron su nombre de una frase que repetía el camarero Manuel en la serie Hotel Fawlty, con pocas actuaciones a sus espaldas y que han conseguido, gracias a esa feliz coincidencia, venirse los 29 integrantes a pasar un fin de semana de ensueño a Barcelona. Parecen un grupo numeroso de estudiantes de ERASMUS convertidos en los Viva la Gente alternativos. Al menos se lo pasaron en grande, cantando hasta en la entrada del Festival si alguien se lo pedía.

I'm from Barcelona
Además del excelente nivel artístico, lo que deja claro esta edición del Primavera Sound es que nos encontramos ante un festival maduro. Primero, porque la edad media de los asistentes rondaba los 30 años, a diferencia de otros eventos similares. Y, segundo, porque a pesar de no contar con nombres de primera fila que atraigan a la gente -manteniendo la independencia y la coherencia del cartel, su calidad y el riesgo, incluso en sus pequeñas provocaciones-, de haber subido el precio y de haber disminuido el número de actuaciones, el Festival ha congregado a 40.000 personas, las mismas que el año pasado, lo que significa claramente que está completamente asentado.
Contenidos proporcionados por Xavier Valiño
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