Pero antes de todo eso, y abriendo de nuevo a tempranas horas los dos escenarios Republicca y New Rock, llegaban dos bandas muy potentes. Por un lado el Tío Calambres y por otro Ángelus Apartida con su poderoso trash metal.

Matarile Photopass Carles R.
Tras ellos, Sucio se encargaba de abrir el escenario Matarile y se iba preparando el ambiente para recibir algunas de las propuestas más poderosas y que reunieron a un numerosísimo público a pesar de las horas tan tempranas.
Los sudaméricanos Horcas en New Rock y los italianos Banda Bassotti daban un impresionante concierto con un calor infernal y un recinto lleno que no paraba de bailar. Tras los ritmos ska de los italianos, con su última canción grabada y los miembros del grupo bajando a disfrutar con el público, llegaban un grupo divertido y querido con canciones grabadas en la cabeza de casi todos. Los Porretas desde Hortaleza intercalaban una actuación con canciones nuevas y temas de toda la vida que no dieron respiro a casi nadie.

Matarile Photopass Carles R.
Tras ellos, llegaba el turno de un grupo que quizá por desconocido o por el cansancio de la gente, tras aguantar dos conciertos a tope y con ese calor, tuvo bastante menos público que los anteriores. Se trataba de Mouss y Hakim, dos hermanos componentes del grupo francés Zebda, toda una institución en el país vecino. Sin duda una de las sorpresas del festival para los que no les conocían, y con sus ritmos bereberes y una actitud muy punk dieron un directo completísimo en todos los aspectos.
Mientras tanto los madrileños Habeas Corpus, con su nueva y consolidada formación, descargaban el metal más crudo en el escenario New Rock.
Todo un mito los siguientes en subirse al escenario principal. Los madrileños Burning dieron una lección de puro rock & roll a pesar de los años, e incluso se hicieron acompañar de los Pereza para interpretar un tema.
Comenzaba a ponerse el sol en Villarrobledo y Amparanoia daba uno de los mejores directos de mestizaje del festival. Mientras tanto los esperados Brujería descargaban su metal proveniente del otro lado del océano. Sin duda uno de los grupos más esperados por los amantes del rock duro.
Los veteranos y siempre solventes Medina Azahara se subían al escenario principal y recorrían lo mejor de su extensa carrera. Chambao y Sepultura, los brasileños que repetían la experiencia del año anterior, tomaban el relevo de los cordobeses. Y a continuación tocaba el turno a Ramoncín, un artista que había levantado muchos comentarios en diversos foros y canales relativos al festival. Su actuación no llegó a producirse ya que fue abucheado y se lanzaron todo tipo de ingredientes culinarios contra él. Evidentemente es una actitud reprochable ya que hay otras maneras de criticar o mostrar el descontento sin necesidad de que el artista deba abandonar el escenario.

Matarile Photopass Carles R.
Debido al vacío que dejó Ramoncín, ya que su actuación se desarrollaba en el escenario principal y por tanto los otros estaban parados, la organización emitió fragmentos de las actuaciones de los días anteriores en las pantallas, mientras otra banda histórica y de aniversario como es Barón Rojo y un joven artista como Melendi se preparaban para afrontar sus respectivos conciertos. Los Barones dieron un auténtico recital del mejor hard rock y reunieron a un público de lo más heterogéneo, ya que disfrutaban de su show viejos y nuevos rockeros, punkis, rastafaris…. Y es que el mito es el mito.

Matarile Photopass Carles R.
Poco quedaba ya de la XI edición del festival. El escenario New Rock finalizaba su andadura con Barón Rojo y el siguiente en hacerlo sería el Matarile con la actuación de Pereza. La banda madrileña a pesar de haber llegado al gran público y ser habitual de los canales comerciales no deja de ser un buen grupo de rock & roll y una buena muestra de ello se puede apreciar en sus directos.
Por último, mientras Rapsusklei cerraba el escenario de hip hop, los Delinqüentes hacían lo propio en el Republicca con lo que sería la última actuación del festival. Mucho frío con el viento que se levantó y mucho cansancio acumulado pero los jerezanos montaron su propia fiesta con el recinto lleno y con colaboraciones de excepción (nunca mejor dicho) como la de El Langui.

Matarile Photopass-Luis L.
Así terminaba una nueva edición del festival más multitudinario del país, que en esta ocasión reunió a unas 70.000 personas y que sigue creciendo año tras año. Además se agradece las mejoras en la organización respecto a la edición del año anterior.
Un público seguro que satisfecho y ya esperando a ver que ofrece la edición del año que viene.
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