Según ella misma fueron voces divinas que le indicaron qué tenía que hacer. A los 13 años la joven declara que ha visto al Arcángel San Miguel, a Santa Catalina y a Santa Margarita y añade que sus voces le indicaban que debía llevar una vida piadosa. Más tarde las voces volverían a comunicarse con Juana y esta vez le traían un mensaje poco ortodoxo para su condición: dirigir al ejército francés para liberar a Francia y coronar al delfín Carlos, primogénito del rey Carlos VI de Francia, en Reims. Ambas cosas se cumplieron. Antes de alistarse indica que necesita una espada que estaría enterrada detrás del altar de la Iglesia de Santa Catalina de Fierbois, la cual había predicho que tendría cinco cruces en su hoja.
Aún en su adolescencia, se calcula que tendría aproximadamente 19 años, fue capturada y ante la pasividad del monarca fue procesada por la Santa Inquisición y condenada por hereje y bruja a morir en la hoguera. Tendrían que pasar siglos para que Juana fuera beatificada y finalmente canonizada en 1920.
Muchos psiquiatras de uno y otro lado de las fronteras galas han intentado dar una visión científica a las visiones de la santa, aunque la brevedad de su vida y la lejanía en el tiempo dificultan por no decir que impiden los diagnósticos.
En el siglo XIX, Brierre de Boismont, francés consagrado a la medicina mental, habló de alucinaciones fisiológicas, mientras un siglo más tarde; el psiquiatra alemán Karl Kleist decía que había personalidades especiales que tenían tendencia a las alucinaciones y, según el escritor irlandés Bernard Shaw, Santa Juana pertenecería a esta clase de personas.
Ciencia o misticismo, santidad o locura, de momento nadie puede dar una respuesta clara. |