Para sorpresa de muchos, se publicó una nota oficial de la oficina de prensa de la base militar en la que se afirmaba que la Fuerza Aérea había capturado los restos de un platillo volante en un rancho de la región. Aquél titular, que corrió como la espuma, fue pronto silenciado por Washington, enterrándose oficialmente el asunto.
Pero los rumores proseguían e indicaban que días más tarde el ejército había recogido en una zona cercana más restos del aparato e incluso unos cuerpecillos de forma humanoide de lo que serían sus tripulantes.
Tuvieron que pasar más de treinta años para que las Fuerzas Aéreas norteamericanas ofrecieran algún tipo de explicación de los hechos. Así, en 1994 la United Stated Air Force (USAF) elaboró un informe oficial en el que aseveraba que el suceso fue provocado por la caída de un globo experimental de alto secreto. Las explicaciones prosiguen y en 1996 se elabora "el Informe Roswell": realidad contra ficción en el desierto de Nuevo México. En éste reiteraban que el suceso lo provocó la caída de un globo experimental secreto. Los fragmentos encontrados hace treinta años, eran, según las fuentes oficiales, restos del vuelo Nº del Proyecto Mogul, un programa ultrasecreto auspiciado por la Universidad de Nueva York bajo la coordinación del doctor Charles Moore. El objetivo de tal proyecto era situar micrófonos de alta sensibilidad en las capas altas de la atmósfera gracias a sencillos globos de sondeo meteorológico con la finalidad de comprobar si se podían detectar ondas procedentes de eventuales pruebas nucleares soviéticas. Sin embargo, Moore contradice esta tesis pues el artefacto fue encontrado tan sólo un mes después y los restos de aquellos globos podían resistir durante mucho tiempo bajo el sol del desierto sin desintegrarse.
Por último, no fueron pocos los que buscaron negocio en el río revuelto, por ejemplo salió una película sobre una supuesta autopsia a los cuerpos encontrados. Pero investigando el film se han descubierto signos de manipulación, como que hay tres paredes como en los estudios de cine, el reflejo de una lámpara de set cinematográfico en alguno de los fotogramas y hasta trazas de manipulación digital. Aunque no falta quien dice que existen fotos auténticas hechas por el ejército en aquellos días ocultas en archivos secretos.
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